Hace tiempo les había prometido traerles un extracto de un informe que leí en el diario La Nación sobre los trenes en Europa, pero jamás pude volver a encontrarlo. Igualmente, como mi memoria no falla tanto, decidí en este último tiempo, hacer una comparación entre nuestro tren, y su tren. El único detalle que sí no tengo es de qué país exactamente era el servicio de trenes, pero vale la pena mencionar el caso.
Este viajante argentino que partió unos días a Europa, contaba que había sacado su boleto para tomar el ferrocarril a una pequeña ciudad, se subió a uno de los vagones, se sentó cómodamente (primer diferencia, ajá) y el tren partió exactamente a la hora programada (segunda diferencia). Cabe destacar que en la mayoría de los países de Europa, aquel pasajero que no está allí 2 minutos antes de la partida del tren, no puede ya subir más (nada de trabar puertas como hacen aquí).
Mientras el tren comenzaba a rodar sobre las vías, apreció un cartel que decía “Vagón silencioso”. Por un instante pensó en que la formación no produciría ruidos en su camino, cosa que finalmente no era así. Todos los trenes hacen ruidos, esté en el país que esté. ¿Saben por qué era un vagón silencioso? De pronto, a una joven sentada a su lado le suena su teléfono móvil y comienza a hablar despreocupadamente con, al parecer, su novio. Inmediatamente después, se acerca el guarda del tren, y le pide por favor que corte la comunicación al mismo tiempo que le señala el cartel de “Vagón silencioso”. Era tan simple como eso. Hay ciertos vagones en los que está prohibido hablar para preservar un ambiente cálido y tranquilo. Ya que el oficial estaba allí, el joven le pregunta si el tren contaba con Internet para su notebook. El guarda le contestó afirmativamente. Este muchacho, sorprendido, le consulta ahora por la tarifa. El guarda responde: “Ninguna, el servicio es gratuito”.
Qué diferencia, ¿no? En nuestros trenes, los pasajeros viajan comiendo porquerías que encima se las venden allí arriba, toman bebidas de todo tipo, incluso alcohólicas, y luego arrojan los desechos (léase migas, papeles, botellas y hasta aderezos) al piso.
Y ni hablar de los vendedores que gritan de vagón a vagón vendiendo alfileres, tijeras, películas, alfajores, galletitas, chocolates, y demás artículos. No olvidarnos tampocos del vendedor de CD’s con su equipo a batería a cuestas y poniendo el volumen a todo lo que da. Pero como todos están cortados con la misma tijera, a casi nadie le molesta. A mí, particularmente, me da asco viajar entre olores nauseabundos y gente sucia.
Pero bueno, gente. A Europa todavía no me puedo ir, y las cosas aquí están lejos de cambiar. Aunque sea podríamos imitar el sistema de trenes. No nos vendría nada mal.

#1 por Eva el 18/11/2009 - 10:46
che, q mala onda q tenes…
si alguien come o toma algo en el tren, es porque no puede hacerlo en un restaurante. Si hay vendedores en el tren, es porque la gente compra, es decir, oferta y demanda ¿te suena?
hasta donde yo se, los horarios de los trenes se respetan a menos q un imprudente cruce la barrera baja o algun suicida quiera llamar la atencion.
a mi me gustan mis trenes… odiaria q me prohiban hablar y tmbn que me enchufen a la maquina idiotizante en la que estoy ahora…
si tantas quejas te produce estar donde estas, entonces andate… quizas en europa te traten como sudaca y te guste mas.
yo me quedo con lo pintoresco y exotico que tenemos como lo cotidiano. Besos! Abrazos! Sonrisas!